Soy tonto, muy tonto y estúpido

Soy tonto, muy tonto, lo que se llama tonto del culo. Y lo peor es que también soy profundamente estúpido. No estoy orgulloso de ello para nada, de hecho me dolió bastante descubrirlo. Al fin y al cabo a nadie le gusta reconocer que es estúpido ¿no es cierto?
Como digo no estoy orgulloso, pero tampoco veo que tenga que ocultarlo habida cuenta que la gran mayoría de la población también lo es. Además estoy absolutamente convencido de que el hecho de reconocerlo abiertamente es un primer paso para dejar de serlo.
Ser tonto no es algo necesariamente malo de per se, no todo el mundo tiene porqué ser inteligente. Se puede llevar una vida normal siendo tonto, de hecho la mayoría de la gente es lo que hace cada día. Ser estúpido sin embargo es algo peligroso y no debería ser deseable para nadie ni nadie debería jactarse de esa cualidad una vez ha sido descubierta en uno mismo.
Para entender mejor que es la estupidez y como se comporta en oposición a otros conceptos como la inteligencia, os recomiendo un libro que debería ser de lectura obligatoria en el bachillerato. Se trata deAllegro ma non tropodel italiano Carlo Cipolla. Concretamente os recomiendo el apartado que habla de la estupidez. Voy a tratar de sintetizar lo más concisamente posible el mensaje general del ensayo, ya que probablemente la gran parte de los que leáis esto seáis aún más tontos que yo (aunque sólo sea por el hecho de no haberlo reconocido todavía).
Cipolla divide los individuos en…

  • Inteligente: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su bien y el de los demás
  • Malvado: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su bien y provoca el mal de los demás
  • Cándido: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su mal y el bien de los demás
  • Estúpido: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su mal y el de los demás (a lo que yo añadiría…”la mayoría de ocasiones sin ser siquiera consciente de ello”)


El ensayo completa este enunciado general con algunas conclusiones secundarias, cómo que, a lo largo de la historia de la humanidad, en las diferentes sociedades que han formado las distintas civilizaciones, se han producido variaciones en el número de individuos inteligentes, malvados y cándidos que las formaban, sin embargo el porcentaje de estúpidos se ha mantenido siempre sorprendentemente estable en porcentajes muy elevados. Otra conclusión es que, dado cualquier grupo de individuos, independientemente de su número 10 o 10.000, da igual, siempre tendemos a subestimar la proporción de estúpidos que hay en él.
Por supuesto que no hay estúpidos absolutos como no hay malvados absolutos o inteligentes perfectos. Durante nuestra vida, y aún durante nuestra jornada, vamos adoptando constantemente comportamientos inteligentes, malvados cándidos y estúpidos dependiendo del momento y las circunstancias. En realidad estas etiquetas se corresponden más con comportamientos que con personalidades. De esta forma podríamos llegar a calificar de inteligente a la persona que mayoritariamente adopta comportamientos inteligentes y estúpida a la persona que mayormente adopta comportamientos estúpidos.
Y aquí es donde cada uno debe hacer examen de conciencia. Analiza con honestidad tus reacciones al cabo del día, recuerda lo que has hecho a lo largo de la jornada e intenta etiquetar tus diferentes acciones como inteligentes, malvadas, cándidas o estúpidas según el criterio antes descrito. De esta forma descubrirás cual es tu tendencia.
Yo lo hice, y penosamente descubrí que me podía inscribir de forma amplia y desahogada en el grupo de los estúpidos. Los frutos de muchas de mis acciones perjudicaban a otros y no me beneficiaban a mí e incluso a veces me perjudicaban también. Ciertamente no se trataba de grandes afrentas ni de ofensas imperdonables, más bien podríamos hablar de pequeñas molestias, descortesías o reacciones poco amables. Pero eso no cambia el núcleo de la cuestión que es que habitualmente me comporto de forma estúpida, y el hecho de que mis estupideces no sean superlativas (aunque a veces sí lo son) lo único que indica es que aparte de estúpido, soy mediocre y gris. Y además muchas de las estupideces que cometo no son por razones justificables sino simplemente por tonto, es decir, por no tener las suficientes luces para saber que no te estás comportando adecuadamente.
Cabe decir que desde que lo descubrí, una de mis obsesiones diarias es intentar mejorar cada día como persona para ser cada día un poco menos estúpido, hasta que llegue la gloriosa fecha en que se pueda declarar de forma inequívoca que soy un individuo inteligente. No es una tarea fácil, pues no hay unas instrucciones claras que te indiquen de forma prístina como convertirte en la mejor versión posible de ti mismo. Pero por suerte he ido encontrando mucha gente que me está ayudando y debo reconocer que el proceso de mejora personal es muy grato. No es un proceso lineal, hay muchos pasos hacia atrás y hay mucho de “prueba y error”, pero  aprendes un montón de cosas que te hacen sentirte mejor y ser más feliz. Además hoy puedo afirmar con la cabeza bien alta que soy algo menos estúpido de lo que fuí ayer. Os lo recomiendo.
En un próximo post quizá explique cuales son mis trucos para reducir la estupidez pero ahora me gustaría mostrar un listado más específico de pistas que os pueden ayudar a auto-diagnosticar mejor vuestro propio nivel de estupidez. Está especialmente diseñado para personas que suelen usar los mass media y/o las redes sociales. Huelga decir que dichas pistas han sido elaboradas basadas únicamente en mi propia experiencia y que no merecen más crédito que el que vosotros/as mismos/as decidáis otorgarles…aunque si has sido tan estúpido/a como para leer hasta aquí, quizá merezca la pena que les eches un vistazo.

Esto funciona así; el hecho de que cumplas una de estas afirmaciones no quiere decir que seas necesariamente estúpido/a, pero si que suman más probabilidades de que lo seas en determinado porcentaje. Por cada afirmación que encaje contigo suma el porcentaje que te propone la pista, al final obtendrás el porcentaje de probabilidad de que, efectivamente, seas estúpido.

  • ¿Has añadido comentarios con insultos y reacciones viscerales en diarios digitales, foros, blogs etc..? añade un 5%, si lo haces  frecuentemente añade un 10% más.
  • ¿Te sientes ofendido/a cuando oyes a algún periodista  o tertuliano afirmar cosas que están en contra de tu ideología o principios hasta el punto de empezar a insultarlo en público o en privado?, entonces suma un 5% más. ¿Te has ofendido a pesar de estar plenamente convencido/a de que lo que decía eran barbaridades sin sentido? entonces añade un 10% adicional.
  • ¿Eres de los/las que arruinas una conversación acerca de algún tema interesante y profundo soltando alguna gracia? suma un 5% más.
  • ¿Te has sentido ofendido/a en algún momento leyendo este texto y/o has pensado algo similar a “¿pero que se ha creído este imbecil?, el tonto lo será él, pero que no nos incluya a los demás”?, súma otro 10%.
  • ¿Alguna vez te has largado de algún sitio dejándolo todo hecho un asco y has pensado algo como “que se jodan” o equivalente al acordarte de los que vengan detrás?, añade otro 10%
  • ¿Has recibido la típica noticia polémica y/o escandalosa (ya sabes, políticos que reciben grande sobornos, fabricantes que cuelan ingredientes cancerígenos, virus letales que amenazan con borrar discos duros etc..) por internet y, sin contrastarla ni verificar si es cierta la has dado por buena y te has puesto a rugir indignado/a?, entonces añade un 5% más. Si además has empezado a enviarla a otros amigos sin filtrar la noticia antes, añade otro 5%. Si lo has hecho indiscriminadamente a toda tu libreta de direcciones y/o a todos tus contactos de redes sociales suma otro 10%. Si la noticia era la típica cadena de que “Facebook va a dejar de ser gratis si no envias esto” o similar suma un 20% más. Si la cadena era la típica barbaridad trasnochada y a pesar de eso la has re-enviado “por si acaso” no hace falta que sigas haciendo el test, eres estupido/a con absoluta seguridad, bienvenido al club!!
  • ¿En tu fuero interno te has creído alguna vez más listo/a que la media? suma otro 5%. ¿Te lo has creído y encima lo has afirmado públicamente? un 5% más
  • ¿Te crees más tonto/a o estupido/a que la media? suma otro 5% más
  • ¿Interrupes a tus contertulios en una conversación para afirmar algo de lo que no estás seguro/a y encima al final acabas con un “enfín..no se” suma un 5% más
  • ¿Te mantienes callado/a en una conversación por vergüenza o timidez a pesar de estar seguro/a de que tu aportación iba a ser de interés y utilidad para el resto? un 5% más
  • ¿Cuándo descubres que has metido la pata buscas desesperadamente como justificarte? otro 5%, ¿lo reconoces y te auto-fustigas hasta sentirte fatal contigo mismo/a? otro 5% más
  • ¿Tiendes a pensar que los que no opinan como tú son idiotas con total seguridad? súmate otro 10%
  • ¿Cuándo ves a un insecto tu primera reacción es pisarlo y/o chafarlo sin preguntarte el porqué? otro 10% más
  • ¿Cuando vas a realizar alguna tarea ruidosa en tu casa, te paras a pensar antes si le va a molestar a alguien o no?, si es que no, suma un 10% más, si además es una tarea no necesaria añade otro 5% suplementario.
  • ¿En medio de una conversación sueltas la típica idea, frase (o topicazo) que has escuchado simplemente porqué “encaja” sin pararte a analizar esa idea? suma otro 5%
  • ¿Utilizas muy a menudo frases del tipo “han dicho..”, “dicen..” o similares?, suma un 5% más
  • ¿Al utilizar el transporte público sueles mirar a tu alrededor para asegurarte de que no obstaculizas a nadie? si es que no añade otro 5%
  • ¿En los cines o teatros con butacas no numeradas te paras a pensar si la posición que ocupas puede molestar a alguien? si es que no, otro 5% más.
  • Si has llegado hasta aquí restate un 10%
  • ¿Has hecho cosas que te parecían absurdas sólo porqué el resto del grupo también lo hacía? suma otro 5%
  • ¿Sueles hacer propósitos de inicio de año o inicio de curso cómo “voy a estudiar inglés” o “voy a asistir al gimnasio con regularidad” y te lo crees a pesar de haberlo intentado repetidamente sin éxito durante los años precedentes? súmate otro 10%
  • ¿Sueles creer a la primera lo que lees en la prensa, oyes en la radio o ves en la TV?  añade otro 10%
  • ¿Piensas que eres libre en tus decisiones? añade un 5% más
  • ¿Has pensado alguna vez “mientras a mi me vaya bien…” o similar? pues suma otro 5%


Ok. Ahora ya puedes hacer los cálculos. Si llegados a este punto superas el 100% de probabilidades, tampoco te preocupes demasiado. Según la teoría de Cipolla y de los estudios que la apoyan estás en la media del resto de la sociedad. Si a pesar de ello no piensas hacer nada para remediarlo o, por lo menos,  para verificar si realmente eres estúpido/a , entonces ya tienes la garantía total de que efectivamente lo eres. La decisión de mejorar o no es tuya y sólo tuya.
Dejadme acabar diciendo que pienso que la estupidez es algo realmente nocivo. Es peor que las catástrofes naturales o que la mayoría de las epidemias, pues la estupidez es la causa de gran parte del sufrimiento humano, es el origen de casi todas las guerras, miedos infundados, insultos y agresiones. Por la estupidez se rompen familias, se marchitan relaciones y se pelean los amigos.
Supongo que debe haber alguna razón oculta para que la estupidez haya reinado durante tantos milenios y siga tan presente hoy día. Quizá la estupidez tenga alguna utilidad en la evolución humana cuyo significado se nos escape. Sólo así se explica que haya sobrevivido con tanta salud durante tanto tiempo. No obstante, mientras no tenga razones para sentir lo contrario, yo voy a seguir luchando en su contra durante lo que me quede de vida, por supuesto empezando por mi mismo. ¿No os parece una misión realmente…..estúpida?

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Cómo romper con el hábito de pensar demasiado

Hoy me gustaría compartir este vídeo del gran maestro Eckhart donde explica cómo romper el pernicioso hábito de pensar demasiado. Y es que en numerosas ocasiones son nuestros propios pensamientos los que más nos hacen sufrir. De ahí la importancia de aprender a regular ese parloteo incesante que suena en nuestras cabezas y saber verlo desde la distancia. Espero que os guste.

Tú eres tres: Mente, Emoción y Cuerpo

Conviven en nosotros tres seres  que, a falta de un denominación mejor, llamaremos Mente, Emoción y Cuerpo. Cada uno tiene sus propias particularidades aunque es la unión de los tres las que nos hace únicos. A continuación expongo las principales características principales de cada uno.

Mente

Es el más despistado de todos aunque se cree no sólo el más listo sino también el único. Mente piensa que él es en realidad la persona en sí, e ignora frecuentemente al resto de sus compañeros (muchas veces se olvida incluso de que existen). Mente se cree con autoridad y con derecho para dirigir la vida de todo el organismo y suele ignorar y despreciar los mensajes que recibe de Emoción y de Cuerpo salvo cuando estos coinciden con sus intenciones. Entonces él se autoproclama como el autor de esos mensajes negándole todo el mérito al autor verdadero.

Mente es también un iluso, pues cree que él es el responsable de organizar la vida del organismo entero. Piensa que si pasa esto o aquello es debido a sus decisiones, también se cree en posesión de la verdad. No es extraño que esto sea así pues es en Mente donde reside el ego y la locura.

Por otra parte Mente es el que mejor maneja el lenguaje verbal, es un gran orador; también es muy hábil haciendo cálculos y previendo situaciones incluso antes de que éstas sucedan, lo que facilita al resto de compañeros prepararse para afrontar dichas situaciones. Otra de sus grandes virtudes es la curiosidad, su habilidad para hacerse preguntas y su avidez para desear encontrar respuestas. Desafortunadamente no siempre es hábil seleccionando la mejor respuesta y suele equivocarse con frecuencia a la hora de elaborar juicios, por eso a veces debería apoyarse en sus hermanos para ser más eficiente. Cuando se educa y se entrena bien, Mente puede ser extraordinariamente creativo y posee inigualables habilidades para poner etiquetas, ordenar y estructurar el caos.

Emoción

Emoción es el más fuerte de los tres aunque también es el más vulnerable a las manipulaciones. No hace caso de los delirios de grandeza de Mente porqué sabe que, llegado el caso, él tiene todas las de ganar para hacerse con el mando del organismo. Mente cree mandar, Emoción sencillamente… manda. Aunque no es muy consciente de su poder, realmente Emoción es muy poderoso y puede llegar a enloquecer a Mente y a enfermar a Cuerpo si no aprende a estabilizar su energía. Es el que tiene más facilidad para conectarse con el mundo de lo no manifestado y puede llegar a servir cómo puente para acceder a él. No es muy hábil con las palabras, pero domina a la perfección el resto de lenguajes como la música, la estética o el arrebato. Es donde reside el miedo y el deseo y es extremadamente volátil, de ahí que haya que manejarlo con mucho cuidado. Acostumbra a acertar bastante más que Mente a la hora de elaborar juicios, pero cuando se equivoca mete la pata hasta el fondo, porque Emoción es extremista en casi todo.

Cuerpo

Con diferencia es el más sabio de los tres pero también el más humilde. Aguanta estoicamente y con una paciencia increíble  el maltrato al que suelen someterle Mente y Emoción con desdén. Cuando tiene algo que decir suele expresarse de forma sutil al principio, pero si no se le escucha  puede llegar a estallar en cólera y expresarse a gritos a través de la tensión y la enfermedad. Cuerpo es el vehículo que nos permite permanecer y existir en el mundo físico y comunicarnos con él. Es muy sensible tanto a los factores externos como a la relación con sus hermanos Emoción y Mente. Es muy excitable y su excitación puede llegar a nublar a los otros dos. Ante otro organismo actúa como primera carta de presentación. Precisa de los mismos cuidados y atenciones que los otros dos, pero al ser más resistente se suele abusar mucho más de él, se le envenena, se le agota, se le ensucia y en ocasiones se le utiliza como a un animal de carga o como a un cubo de basura. No entiende de lenguaje hablado o escrito (aunque es el que mejor ayuda a Mente a escribir o a Emoción a cantar), su lenguaje es el de las caricias, los suspiros y los besos que domina con maestría. Cuerpo sufre si está solo y si no lo tocan. Es donde reside la vida, el placer y el dolor. De hecho, si se sabe dialogar con él, Cuerpo puede llegar a proporcionarnos grandes satisfacciones pero si lo abandonamos a sus suerte puede provocarnos grandes sufrimientos. Al contrario que Mente, Cuerpo no lleva muy bien eso de envejecer por eso es perentorio aprender a cuidarlo, mimarlo y respetarlo más de lo que se acostumbra.

Ahora que ya sabéis que en realidad no sois uno sino tres, es importante no olvidar que solamente la perfecta armonía entre estos tres seres harán de nosotros una persona completa.

Excursionistas del tiempo

En un post anterior comentábamos la importancia de vivir la vida desde el presente para aprovechar al máximo todos las oportunidades que éste nos ofrece. Es cierto que es mucho más fácil decirlo que hacerlo pero no es menos cierto que las continuas excursiones de la mente hacia el pasado y el futuro acaban consiguiendo que nos olvidemos de disfrutar el momento y además, si estas actitudes se mantienen de forma persistente, pueden llegar a crear estados crónicos de infelicidad.

Simplificando mucho (muchísimo) todos los posibles matices me he atrevido a elaborar una clasificación de los individuos atendiendo a la pulsión de desplazamiento  temporal más dominante en sus mentes.

1.       El nostálgico.


El nostálgico vive permanentemente anclado en el pasado regocijándose en recuerdos pasados y ligando su identidad a él. No sólo se olvidan de valorar y disfrutar el presente sino que suelen despreciar  cualquier propuesta relacionada con el futuro o simplemente son indiferentes a él.

2.       El depresivo.

Depresivo

Se envenenan el alma recordando todas las desgracias que les han ocurrido en el pasado o fantaseando con aquello que pudo haber sido y no fue. Su pena crónica les impide hacer planos de futuro y el presente no es más que la plataforma desde la cual regodearse con su desgracia. Los casos más agudos suelen derivar en casos serios de depresión.

3.       El insatisfecho

 

Insatisfecho

El insatisfecho deposita todas sus esperanzas en el futuro olvidándose de todo lo bueno que le ha pasado. Por muy bien que le vayan las cosas siempre seguirá depositando su felicidad en el futuro.  El presente pasa a convertirse en una eterna antesala para el éxito que “ha de venir” y claro , cómo el futuro cuando llega se convierte en presente el resultado es que esa supuesta felicidad quedará para siempre perdida en ese futuro tan imaginario como inexistente.

4.       El temeroso.

Temeroso

La principal tarea del temeroso es pasar miedo. Le asusta todo lo que le pueda pasar en el futuro sin pararse a pensar (y menos a disfrutar) sobre todo lo bueno y estupendo que le está pasando en el presente o le ocurrió en el pasado. Su mente se autocastiga fantaseando con infinidad de calamidades que le pueden ocurrir tanto a corto plazo como en el futuro más lejano. El resultado es que la vida acaba convirtiéndose en una auténtica tortura dominada por el temor.

5.       El iluso.

Iluso

El iluso se regodea con lo que le ha pasado y mira al futuro con optimismo. Aparentemente puede parecer un tipo feliz pero en realidad la vida se le escapa recordando y contando a los demás lo bien que lo pasó y haciendo planes sobre lo  que le espera en el futuro. Rara vez se paran para concentrarse en el momento presente. Cuando están haciendo algo ya están pensando en lo que van a hacer a continuación. Es como si temieran encontrarse con algo oscuro, o peor, con su propio vacío si se paran a pensar en el instante presente. Son los eternos huidores del momento presente.

6.       El amargado.

Amargado

Son los individuos más desgraciados de todos. No sólo se lamentan continuamente de sus pasado sino que proyectan continuamente futuros miserables y por supuesto ignoran totalmente la existencia del presente que sólo utilizan para seguir regodeándose en su dolor. Son presa de la desesperanza. En casos leves viven en una continua y devastadora distimia y en casos graves pueden desembocar en depresiones severas o en suicidio.

7.       El expectante.

Expectante

El expectante considera que todo lo que le ha ocurrido no es lo suficientemente bueno y deposita todas sus esperanzas en el futuro mientras que mira con desdén o tristeza a su pasado lamentándose de todo lo que no ha salido como él quería (y minimizando las cosas positivas). Siempre cree que lo bueno está por llegar y se frustra cuando el futuro que se convierte en presente nunca cumple sus expectativas.

8.       El ansioso.

Ansioso

El ansioso ve siempre al futuro como una amenaza y utiliza el pasado, que tiende a idealizar, cómo un refugio al que huir ante la ansiedad y el nerviosismo que le provoca la incertidumbre del futuro.

9.       El iluminado

Iluminado

Dentro de este contexto, el iluminado es la persona que se ha hecho consciente de la irrealidad del pasado y el futuro y solamente viaja mentalmente a ellos con fines lúdicos o eminentemente prácticos (recuerdo y planificación) mientras que el grueso de sus existencia lo pasa siendo y gozando en el presente.

¿Con cuál de los modelos expuestos te identificas más?. El objetivo para a alejarse del sufrimiento y disfrutar de una vida plena sería tender al modelo iluminado, si bien es algo que requiere disciplina y férreo entrenamiento.

Lo esencial es invisible a los ojos

Con esta famosísima cita de la obra de Antoine de Saint Exupery, el Principito, me gustaría reflexionar acerca de un tema que siempre es apasionante; La existencia.

Siempre me ha fascinado jugar con el concepto de la existencia y todo lo que ello implica en nuestra vidas y nuestra forma de entender el mundo. En nuestra cultura parece que la existencia sea una condición imprescindible para gozar de un mínimo status en la realidad, tendemos a despreciar lo que no existe (o creémos no existe) cómo si no fuera merecedor de nuestra atención. No obstante pocas veces nos paramos a pensar que muchas de las cosas más importantes de nuestra vida son cosas que precisamente no existen, empezando por nosotros mismos.

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Entonces, ¿el ego es malo?

Es muy común escuchar que el ego es el culpable de muchos de nuestros sufrimientos, y de hecho en numerosas ocasiones así es. Lo que ocurre es que dicha afirmación tiende a hacernos pensar que el ego es algo malo, cuando en realidad  de lo que se trata es de considerar su cualidad de falso más que su cualidad de malo o bueno. Es falso en el sentido de que el ego no somos nosotros, no existe como un “algo” objetivo e independiente, es una ilusión creada por la mente que nos permite asumir una identidad y facilita la autoconsciencia.

Pretender vivir sin ego es como pretender vivir sin piel o sin bazo. Sencillamente no es posible, necesitamos el ego para vivir. Probablemente el ego se creó  en la prehistoria casi al mismo tiempo que la consciencia y fue reforzado luego con el nacimiento de las civilizaciones. El ego nos ha ayudado a sobrevivir durante miles de años y su desarrollo desigual ha dado forma a las distintas culturas que conforman la sociedad humana.

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Esa maldita pared

He encontrado un artículo de Iñaki Berazaluce en la web Cooking Ideas que me parece tan bueno que no puedo por menos que reproducirlo aquí punto por coma.

Fuente original: http://www.cookingideas.es/esa-maldita-pared-20100525.html

La sensación de que somos un yo finito y desgajado del resto del mundo es una ficción útil, en tanto nos impele a comportarnos como entes autónomos, preocupados de nuestra supervivencia. Al mismo tiempo es una fuente de neurosis, al sufrir el individuo la separación con sus semejantes y con la Naturaleza, originando un aislamiento que puede llegar a ser angustioso: la maldita pared”, que cantaba Bambino, o el “muro de metacrilato”, que separaba a Kiko Veneno de su amante. Pero la pared no sólo se alza entre dos personas sino entre cada una y todos los demás. De ahí brota aquellamento de Sartre“El infierno son los otros”.

La maldita pared no es otra que el yo, la estructura psíquica que conforma el individuo a los 18 meses de vida, al tiempo que lo separa del resto del mundo, empezando por su madre, con quien hasta entonces formaba una unidad. Es lo que el psicólogoWinnicott describe como “sentimiento oceánico”, un magma indiferenciado de respiración, carne, olores y miradas del que somos expulsados para convertirnos en seres autónomos y libres, pero también frágiles y solos. Es precisamente la incapacidad para distinguir los propios límites una de las características de la psicosis, la comunión neurótica con ese paraíso de unidad.

En un intento de recuperar esa unión perdida acudimos a la religión (del latín “religare”, volver a unir), al yoga (el “yugo”, en sánscrito, que vuelve a unir lo separado) o las prácticas extáticas, desde la danza a la meditación o las drogas visionarias, que nos liberan de las cadenas del yo y nos reconcilian con la unidad. Como describen Vaughman y Walsh en “¿Qué es una persona?”,

“(…) Al no haber identificación exclusiva, el sujeto y el objeto, son percibidos como una y la misma cosa (…) cada persona se autovivencia también como exactamente lo mismo que, o idéntica a, todas las demás personas. Si se parte de este estado de conciencia, las palabras con que los místicos proclaman que “somos uno” tienen perfecto sentido como experiencia literal. Si no hay nada que exista salvo el propio sí mismo, la idea de hacer daño a “otros” no tiene sentido alguno(…)”

Pero el intento de recuperar la unidad es una lucha contracorriente frente a una fuerza mucho más poderosa: la máquina de producción, que promueve y ahonda esta separación original. La publicidad, la escuela psicológica más sofisticada en la búsqueda de las debilidades humanas, ensalza la individualidad porque es ése el terreno en el que somos más vulnerables y, por tanto, más proclives a consumir.

Lo que no significa que la vuelta a los orígenes pase por negar la racionalidad, como erróneamente concluye una corriente del movimiento de la nueva era. Como ha explicadoKen Wilber mucho mejor de lo que yo soy capaz (“falacia pre/trans”), la única forma de rebasar la racionalidad es transcenderla, esto es, integrarla y superarla, no negarla para volver a estados infantiles y atávicos. La pared que quiere derribar Bambino no cae a golpe de piqueta sino penetrando en el terreno transpersonal para acceder al limbo de la supraconseciencia.

Gracias, Leticia, por asesorarme en la terminología psicológica