Soy tonto, muy tonto y estúpido

Soy tonto, muy tonto, lo que se llama tonto del culo. Y lo peor es que también soy profundamente estúpido. No estoy orgulloso de ello para nada, de hecho me dolió bastante descubrirlo. Al fin y al cabo a nadie le gusta reconocer que es estúpido ¿no es cierto?
Como digo no estoy orgulloso, pero tampoco veo que tenga que ocultarlo habida cuenta que la gran mayoría de la población también lo es. Además estoy absolutamente convencido de que el hecho de reconocerlo abiertamente es un primer paso para dejar de serlo.
Ser tonto no es algo necesariamente malo de per se, no todo el mundo tiene porqué ser inteligente. Se puede llevar una vida normal siendo tonto, de hecho la mayoría de la gente es lo que hace cada día. Ser estúpido sin embargo es algo peligroso y no debería ser deseable para nadie ni nadie debería jactarse de esa cualidad una vez ha sido descubierta en uno mismo.
Para entender mejor que es la estupidez y como se comporta en oposición a otros conceptos como la inteligencia, os recomiendo un libro que debería ser de lectura obligatoria en el bachillerato. Se trata deAllegro ma non tropodel italiano Carlo Cipolla. Concretamente os recomiendo el apartado que habla de la estupidez. Voy a tratar de sintetizar lo más concisamente posible el mensaje general del ensayo, ya que probablemente la gran parte de los que leáis esto seáis aún más tontos que yo (aunque sólo sea por el hecho de no haberlo reconocido todavía).
Cipolla divide los individuos en…

  • Inteligente: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su bien y el de los demás
  • Malvado: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su bien y provoca el mal de los demás
  • Cándido: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su mal y el bien de los demás
  • Estúpido: Es aquel cuyas acciones y comportamiento procura su mal y el de los demás (a lo que yo añadiría…”la mayoría de ocasiones sin ser siquiera consciente de ello”)


El ensayo completa este enunciado general con algunas conclusiones secundarias, cómo que, a lo largo de la historia de la humanidad, en las diferentes sociedades que han formado las distintas civilizaciones, se han producido variaciones en el número de individuos inteligentes, malvados y cándidos que las formaban, sin embargo el porcentaje de estúpidos se ha mantenido siempre sorprendentemente estable en porcentajes muy elevados. Otra conclusión es que, dado cualquier grupo de individuos, independientemente de su número 10 o 10.000, da igual, siempre tendemos a subestimar la proporción de estúpidos que hay en él.
Por supuesto que no hay estúpidos absolutos como no hay malvados absolutos o inteligentes perfectos. Durante nuestra vida, y aún durante nuestra jornada, vamos adoptando constantemente comportamientos inteligentes, malvados cándidos y estúpidos dependiendo del momento y las circunstancias. En realidad estas etiquetas se corresponden más con comportamientos que con personalidades. De esta forma podríamos llegar a calificar de inteligente a la persona que mayoritariamente adopta comportamientos inteligentes y estúpida a la persona que mayormente adopta comportamientos estúpidos.
Y aquí es donde cada uno debe hacer examen de conciencia. Analiza con honestidad tus reacciones al cabo del día, recuerda lo que has hecho a lo largo de la jornada e intenta etiquetar tus diferentes acciones como inteligentes, malvadas, cándidas o estúpidas según el criterio antes descrito. De esta forma descubrirás cual es tu tendencia.
Yo lo hice, y penosamente descubrí que me podía inscribir de forma amplia y desahogada en el grupo de los estúpidos. Los frutos de muchas de mis acciones perjudicaban a otros y no me beneficiaban a mí e incluso a veces me perjudicaban también. Ciertamente no se trataba de grandes afrentas ni de ofensas imperdonables, más bien podríamos hablar de pequeñas molestias, descortesías o reacciones poco amables. Pero eso no cambia el núcleo de la cuestión que es que habitualmente me comporto de forma estúpida, y el hecho de que mis estupideces no sean superlativas (aunque a veces sí lo son) lo único que indica es que aparte de estúpido, soy mediocre y gris. Y además muchas de las estupideces que cometo no son por razones justificables sino simplemente por tonto, es decir, por no tener las suficientes luces para saber que no te estás comportando adecuadamente.
Cabe decir que desde que lo descubrí, una de mis obsesiones diarias es intentar mejorar cada día como persona para ser cada día un poco menos estúpido, hasta que llegue la gloriosa fecha en que se pueda declarar de forma inequívoca que soy un individuo inteligente. No es una tarea fácil, pues no hay unas instrucciones claras que te indiquen de forma prístina como convertirte en la mejor versión posible de ti mismo. Pero por suerte he ido encontrando mucha gente que me está ayudando y debo reconocer que el proceso de mejora personal es muy grato. No es un proceso lineal, hay muchos pasos hacia atrás y hay mucho de “prueba y error”, pero  aprendes un montón de cosas que te hacen sentirte mejor y ser más feliz. Además hoy puedo afirmar con la cabeza bien alta que soy algo menos estúpido de lo que fuí ayer. Os lo recomiendo.
En un próximo post quizá explique cuales son mis trucos para reducir la estupidez pero ahora me gustaría mostrar un listado más específico de pistas que os pueden ayudar a auto-diagnosticar mejor vuestro propio nivel de estupidez. Está especialmente diseñado para personas que suelen usar los mass media y/o las redes sociales. Huelga decir que dichas pistas han sido elaboradas basadas únicamente en mi propia experiencia y que no merecen más crédito que el que vosotros/as mismos/as decidáis otorgarles…aunque si has sido tan estúpido/a como para leer hasta aquí, quizá merezca la pena que les eches un vistazo.

Esto funciona así; el hecho de que cumplas una de estas afirmaciones no quiere decir que seas necesariamente estúpido/a, pero si que suman más probabilidades de que lo seas en determinado porcentaje. Por cada afirmación que encaje contigo suma el porcentaje que te propone la pista, al final obtendrás el porcentaje de probabilidad de que, efectivamente, seas estúpido.

  • ¿Has añadido comentarios con insultos y reacciones viscerales en diarios digitales, foros, blogs etc..? añade un 5%, si lo haces  frecuentemente añade un 10% más.
  • ¿Te sientes ofendido/a cuando oyes a algún periodista  o tertuliano afirmar cosas que están en contra de tu ideología o principios hasta el punto de empezar a insultarlo en público o en privado?, entonces suma un 5% más. ¿Te has ofendido a pesar de estar plenamente convencido/a de que lo que decía eran barbaridades sin sentido? entonces añade un 10% adicional.
  • ¿Eres de los/las que arruinas una conversación acerca de algún tema interesante y profundo soltando alguna gracia? suma un 5% más.
  • ¿Te has sentido ofendido/a en algún momento leyendo este texto y/o has pensado algo similar a “¿pero que se ha creído este imbecil?, el tonto lo será él, pero que no nos incluya a los demás”?, súma otro 10%.
  • ¿Alguna vez te has largado de algún sitio dejándolo todo hecho un asco y has pensado algo como “que se jodan” o equivalente al acordarte de los que vengan detrás?, añade otro 10%
  • ¿Has recibido la típica noticia polémica y/o escandalosa (ya sabes, políticos que reciben grande sobornos, fabricantes que cuelan ingredientes cancerígenos, virus letales que amenazan con borrar discos duros etc..) por internet y, sin contrastarla ni verificar si es cierta la has dado por buena y te has puesto a rugir indignado/a?, entonces añade un 5% más. Si además has empezado a enviarla a otros amigos sin filtrar la noticia antes, añade otro 5%. Si lo has hecho indiscriminadamente a toda tu libreta de direcciones y/o a todos tus contactos de redes sociales suma otro 10%. Si la noticia era la típica cadena de que “Facebook va a dejar de ser gratis si no envias esto” o similar suma un 20% más. Si la cadena era la típica barbaridad trasnochada y a pesar de eso la has re-enviado “por si acaso” no hace falta que sigas haciendo el test, eres estupido/a con absoluta seguridad, bienvenido al club!!
  • ¿En tu fuero interno te has creído alguna vez más listo/a que la media? suma otro 5%. ¿Te lo has creído y encima lo has afirmado públicamente? un 5% más
  • ¿Te crees más tonto/a o estupido/a que la media? suma otro 5% más
  • ¿Interrupes a tus contertulios en una conversación para afirmar algo de lo que no estás seguro/a y encima al final acabas con un “enfín..no se” suma un 5% más
  • ¿Te mantienes callado/a en una conversación por vergüenza o timidez a pesar de estar seguro/a de que tu aportación iba a ser de interés y utilidad para el resto? un 5% más
  • ¿Cuándo descubres que has metido la pata buscas desesperadamente como justificarte? otro 5%, ¿lo reconoces y te auto-fustigas hasta sentirte fatal contigo mismo/a? otro 5% más
  • ¿Tiendes a pensar que los que no opinan como tú son idiotas con total seguridad? súmate otro 10%
  • ¿Cuándo ves a un insecto tu primera reacción es pisarlo y/o chafarlo sin preguntarte el porqué? otro 10% más
  • ¿Cuando vas a realizar alguna tarea ruidosa en tu casa, te paras a pensar antes si le va a molestar a alguien o no?, si es que no, suma un 10% más, si además es una tarea no necesaria añade otro 5% suplementario.
  • ¿En medio de una conversación sueltas la típica idea, frase (o topicazo) que has escuchado simplemente porqué “encaja” sin pararte a analizar esa idea? suma otro 5%
  • ¿Utilizas muy a menudo frases del tipo “han dicho..”, “dicen..” o similares?, suma un 5% más
  • ¿Al utilizar el transporte público sueles mirar a tu alrededor para asegurarte de que no obstaculizas a nadie? si es que no añade otro 5%
  • ¿En los cines o teatros con butacas no numeradas te paras a pensar si la posición que ocupas puede molestar a alguien? si es que no, otro 5% más.
  • Si has llegado hasta aquí restate un 10%
  • ¿Has hecho cosas que te parecían absurdas sólo porqué el resto del grupo también lo hacía? suma otro 5%
  • ¿Sueles hacer propósitos de inicio de año o inicio de curso cómo “voy a estudiar inglés” o “voy a asistir al gimnasio con regularidad” y te lo crees a pesar de haberlo intentado repetidamente sin éxito durante los años precedentes? súmate otro 10%
  • ¿Sueles creer a la primera lo que lees en la prensa, oyes en la radio o ves en la TV?  añade otro 10%
  • ¿Piensas que eres libre en tus decisiones? añade un 5% más
  • ¿Has pensado alguna vez “mientras a mi me vaya bien…” o similar? pues suma otro 5%


Ok. Ahora ya puedes hacer los cálculos. Si llegados a este punto superas el 100% de probabilidades, tampoco te preocupes demasiado. Según la teoría de Cipolla y de los estudios que la apoyan estás en la media del resto de la sociedad. Si a pesar de ello no piensas hacer nada para remediarlo o, por lo menos,  para verificar si realmente eres estúpido/a , entonces ya tienes la garantía total de que efectivamente lo eres. La decisión de mejorar o no es tuya y sólo tuya.
Dejadme acabar diciendo que pienso que la estupidez es algo realmente nocivo. Es peor que las catástrofes naturales o que la mayoría de las epidemias, pues la estupidez es la causa de gran parte del sufrimiento humano, es el origen de casi todas las guerras, miedos infundados, insultos y agresiones. Por la estupidez se rompen familias, se marchitan relaciones y se pelean los amigos.
Supongo que debe haber alguna razón oculta para que la estupidez haya reinado durante tantos milenios y siga tan presente hoy día. Quizá la estupidez tenga alguna utilidad en la evolución humana cuyo significado se nos escape. Sólo así se explica que haya sobrevivido con tanta salud durante tanto tiempo. No obstante, mientras no tenga razones para sentir lo contrario, yo voy a seguir luchando en su contra durante lo que me quede de vida, por supuesto empezando por mi mismo. ¿No os parece una misión realmente…..estúpida?

Las creencias y los donuts

Las creencias son a las personas lo que el bizcocho al donut. Puedes cambiar el sabor del bizcocho alrededor del agujero pero no puedes dejar al agujero sin bizcocho, si lo eliminas sencillamente te quedas sin donut, ..eso es así.

De la mismas personas podemos cambiar unas creencias por otras pero no es posible “no tener creencias”. Por lo tanto, la gracia consiste en escoger las creencias adecuadas, esto es; las que en ese momento pensemos que representan mejor un modelo objetivo del mundo y que al mismo tiempo nos permitan movernos por ese mundo con comodidad y eficacia.

 

Es importante estar lo más convencido posible de la veracidad de nuestras creencias ya que lo contrario causa inseguridad, pero  siempre deberíamos estar abiertos a modificarlas si descubrimos evidencias razonables de que éstas son falsas. Aunque esta afirmación pueda parecer tremendamente lógica lo cierto es que no siempre es fácil desprenderse de las propias creencias. Llegamos a cogerles mucho apego, en gran parte debido a que solemos construir nuestra propia identidad sobre ellas, de tal forma que renunciar a una creencia puede llegar a representar una traición hacia uno mismo, una renuncia hacia uno mismo. El caso es especialmente grave cuando se trata de creencias a las que hemos dedicado mucho tiempo y sufrimientos. Son creencias que hemos llegado a defender con vehemencia y que justifican, en muchos casos, nuestra razón de ser en este mundo. La mayoría de personas se niegan visceralmente a renunciar a ese tipo de creencias  aún cuando tengan delante de sus ojos evidencias aplastantes acerca de su falsedad. En esos casos es increíble ver hasta que punto puede llegar la magia de la auto-justificación y el auto-engaño que no tenemos pudor en utilizar con abuso antes de renunciar a nuestra vieja creencia que hemos llegado a querer como un hijo.

Muchas de esas creencias se convierten en adictivas, y aunque sean nocivas para nuestra salud mental y produzcan sufrimiento, nuestro ego se ha aferrado tanto a ellas que las necesitamos como el aire para respirar. Sólo así se explica la tendencia masoquista de muchas personas a regocijarse en su sufrimiento y permanecer en la infelicidad cuando sería técnicamente fácil librarse de ella con un simple cambio de creencias.

 

Las creencias no son buenas o malas de per se, sino en base a un marco de referencia. Ese marco de referencia son los valores sobre los cuales se sustentan. Se puede intentar universalizar un conjunto de valores lo máximo posible, pero pretender que unos valores representan la verdad absoluta me parece una falacia que nos llevaría en última instancia a chocar con los postulados de los teoremas de Gödel  . No obstante esto no quiere decir ni mucho menos que debamos caer en el relativismo. Pienso que uno debe apostar todo a sus creencias hasta que éstas demuestren ser inútiles por falsas, limitadoras o inconsistentes. Por otro lado las creencias tienen un fuerte componente subjetivo, así que puede darse el caso de creencias distintas, en incluso contradictorias, en dos individuos distintos que puedan ser verdaderas al mismo tiempo dentro del ámbito local de referencia de cada individuo, sobre todo cuando no se trata de proposiciones basadas en axiomas matemáticos, que suele ser el 99% de los casos. Por ejemplo, imaginemos el caso de Juana y Alicia, dos amigas que van juntas en un Auto. Alicia conduce/maneja por una autopista a 121 Km/h y le fastidia tener que ir tan lenta, Juana está sentada a su lado aterrorizada pues le parece que Alicia conduce/maneja excesivamente rápido ya que normalmente ella rara vez circula por autopista y no suele ir nunca a más de 90 porqué le asusta la sensación de velocidad. Alicia cree que va lenta, Juana cree que van rápido ¿Cuál de las dos tiene razón?,…pues las dos, cada una dentro de su marco de referencia. Sus creencias son dos donuts  de distinto sabor.

Este es un ejemplo muy simple pero seguros que podéis extrapolar ejemplos más elaborados de vuestra propia experiencia.

 

Eric y Julián van a hacer una entrevista de trabajo para un puesto muy importante una gran empresa de fama internacional. Los dos están muy nerviosos y tienen la  misma preparación profesional, pero Eric cree que es imposible que puedan contratar a alguien de sus características en ese tipo de firma mientras que Julián cree firmemente que ese puesto será suyo tras la entrevista. ¿Quién está en lo cierto?, pues los dos nuevamente, cada uno en su marco de referencia que modela la realidad objetiva.

 

 

ARSGRAVIS. Web imprescindible de arte y simbolismo.

Uroboro

Raimon Arola fue uno de los muchos profesores excelentes que tuve la suerte  de tener mientras estudié BB.AA. Sus clases de simbolismo me impactaron de forma irreversible sobre mi forma de ver al arte y su estrecha relación con las partes más hondas y transcendentes del ser humano.

Durante años he podido aplicar y ampliar sus enseñanzas en muchas de las disciplinas a las que me he dedicado y también me ha servido para ser capaz de captar la profundidad en muchos aspectos de la vida que a simple vista pudieran parecer triviales.

Hace poco he tenido el placer de re-encortrarme con su trabajo bajo la web de Arsgravis, que ahora es la web oficial de la asignatura de simbolismo.

Me alegra comprobar como ahora todo ese saber está al alcance de todos los internautas. Este saber además viene perfectamente ilustrado con textos e imágenes valiosísimas.

Os recomiendo que consideréis poner esta web entre vuestras favoritas si os apasiona el dibujo, las artes, la filosofía, el saber tradicional o cualquier otra disciplina afín.

 

http://www.arsgravis.com/

Optimismo o pesimismo?

¿Qué es más aconsejable?, ¿ser optimista o ser pesimista?. Pues como ocurre en casi todas las cuestiones exintenciales; depende…Por un lado numerosos testimonios, experimentos e investigaciones parecen dejar claro que una aptitud optimista ante la vida propicia bienestar mental y predispone a sacar mayor partido de las situaciones y las potencialidades del individuo. Saber ver oportunidades donde otros ven problemas y actuar en base a obtener el máximo beneficio en lugar de quejarse o estar a la defensiva, ofrece mayores posibilidades de cumplir objetivos, encontrar satisfacciones y por lo tanto darle un sentido a la vida. En resumen todo parece indicar que una persona optimista tendrá más posibilidades de ser feliz que una pesimista.

Aunque para ser exactos quizá deberíamos decir que una persona optimista tiene más posibilidades de ser feliz en situaciones óptimas ya que cuando vienen mal dadas parece que el pesimismo prepara mejor para desarrollar defensas ante la frustración. Uno de los ejemplos más famosos es el de los prisioneros de guerra norteamericanos en Vietnam. Según parece los pesimistas tuvieron un índice supervivencia mucho mayor que los optimistas. La razón era que los más optimistas intentaban animar al grupo con afirmaciones del tipo “Ya veréis como en Navidad estaremos en casa” y cuando la Navidad pasaba y seguían prisioneros entonces afirmaban “Ya veréis como en verano ya estaremos en casa”. A medida que la realidad iba negando las expectativas, la frustración iba creciendo a mayor velocidad y en mayor intensidad entre los optimistas que llegaban antes a la completa desesperanza lo que finalmente acababa con sus vidas víctimas de severas depresiones y demás consecuencias físicas asociadas. Sin embargo los pesimistas, que se temían siempre lo peor, como que no llegarían vivos al día siguiente por ejemplo, se sorprendían positivamente al darse cuenta que el resultado final, aún siendo horrible, no era tan catastrófico como ellos mismos habían vaticinado y este hecho fue, a la postre, lo que permitió salvar la vida a muchos de ellos que jamás imaginaron salir vivos de aquel trance y se limitaban a esperar el momento que trágicamente habían pronosticado.

En una línea similar e basan los argumentos del filósofo Séneca que afirmaba que gran parte de nuestros disgustos se deben a nuestro exceso de optimismo. Adaptándolo a los tiempos actuales; nos enfadamos cuando se retrasa el transporte público, cuando se corta el agua caliente en la ducha, cuando nos pitan en medio del tráfico o cuando nuestra compañera de trabajo nos niega el saludo. Es decir, en un ejercicio de optimismo totalmente irracional, pretendemos que todo sea perfecto y que no ocurra ninguna situación que contradiga nuestro ideal de existencia cuando lo normal suele ser todo lo contrario y es habitual que la ley de Murphy (si algo puede salir mal, saldrá mal) haga su aparición cada día. Por lo tanto sería mucho más saludable para nuestro bienestar mental, según Séneca, una dosis prudente de pesimismo ya que si contamos que a lo largo del día vamos a tener que afrontar sin remedio diferentes obstáculos , cuando estos se presenten no nos pillarán desprevenidos y esto minimizará el impacto de la frustración. Si por el contrario, contra todo pronóstico, los obstáculos no se presentan aún tendremos más motivos para estar alegres.

¿Entonces es mejor tener una actitud pesimista?, tampoco pues el pesimismo mina nuestra energía vital y nos cierra muchas puertas al descartar posibilidades de éxito incluso antes de ponerlas a prueba.Tanto el optimismo como el pesimismo son actitudes necesarias para la supervivencia, prueba de ello es que la selección natural ha hecho llegar a ambas hasta nuestros días.

En mi opinión lo recomendable es coger lo mejor de cada uno. O sea ser optimista en la actitud y pesimista en las expectativas y, a poder ser, regulando el nivel de intensidad en cada caso.

El arte de no amargarse la vida.

El_arte_de_no_amargarse_la_vid

Recientemente he tenido la oportunidad de leer un libro que me ha parecido estupendo. Se trata de El arte de no amargarse la vida de Rafael Santandreu.

En este libro el autor explica los métodos de la piscología cognitiva que utiliza en su consulta para ayudar a sus pacientes a recuperar el equilibrio y la salud mental. Basándose en su experiencia, Santandreu se atreve a afirmar que hay tres motivos fundamentales que nos producen ansiedad y nos predisponen a la depresión y otros desórdenes mentales.

Uno de ellos sería la terribilitis o la tendencia irracional a dramatizar los hechos y las circunstancias que nos rodean. Santandreu no defiende un falso positivismo pero sí considera necesario que aprendamos a evaluar los problemas en su justa medida. Si deseamos una pareja y no la encontramos o si se nos estropea el móvil, se trata de situaciones desagradables por supuesto, pero no son terribles, podemos seguir siendo felices a pesar de ello. La clave está en evaluar los hechos de forma racional y de aceptar que a lo largo de nuestra vida encontraremos un sinfín de adversidades que sin embargo no nos tienen porqué impedir disfrutar de la vida. Incluso en situaciones más extremas como la pérdida de un empleo o una enfermedad crónica se pueden seguir encontrando argumentos para disfrutar al máximo de la vida y para demostrarlo nos recuerda casos como el de Stephen Hawking o Cristopher Reeve.

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Minimalismo mental

Bombeta

El minimalismo como corriente de pensamiento ha sido estudiado en numerosas disciplinas como la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, el diseño, la cocina o la literatura. Por lo general  las diferentes ideas que desarrollan las doctrinas del minimalismo giran en torno a la idea del “Less is more” (menos es más) que popularizó el arquitecto Mies van de Rohe y que viene a querer decir que, en muchas ocasiones, la mejor forma de sacar provecho de un objeto, un entorno o una idea es precisamente reduciéndola a su mínima expresión, liberándola de todos los detalles superfluos .

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