La verdad y la respiración

Clouds

Recuerdo perfectamente (en el fondo del contenido no en las palabras exactas) una historia que nos contó el maestro Raimon Arola en clase de simbolismo. En su día esa historia se me quedó clavada aún sin entender muy porqué. De alguna manera supongo que mi inconsciente ya intuía su importancia aún sin comprender el significado de la narración.

A lo largo de los años posteriores esa narración ha vuelto a mí en repetidas ocasiones a la luz de diferentes circunstancias que me han hecho comprender, cada vez un poco más, la sabiduría que se esconde detrás. Aún a día de hoy pienso no haber absorbido al 100% todo el valor de la historia, pero de vez en cuando vuelve a re-visitarla para indagar en su misterio. La historia es más o menos asi: (la re-interpreto con mis propias palabras pues no recuerdo las palabras exactas del maestro Arola).

“Un joven novicio ansioso por encontrar las respuestas definitivas al enigma de la existencia partió en busca de un viejo maestro que, según todos, conocía el secreto de la verdad. Después de caminar durante varios días llegó a la orilla de un río donde el maestro meditaba tranquilamente sentado en la posición del loto.

El joven se le acercó y le preguntó “Maestro, ¿podría decirme como conseguir conocer la verdad?”, pero el anciano ni se inmutó, continuó en la misma posición sin mover siquiera un músculo. El novicio esperó respetuosamente pero viendo que la respuesta no venía, volvió a insistir preguntando por segunda, tercera y hasta por cuarta vez.

Como el sabio permanecía impasible y no mostraba ningún signo de reparar en su presencia, el joven empezó a impacientarse. Primero volvió a preguntar en un tono de voz más alto, luego empezó a hacer aspavientos delante del maestro con el vano intento de ver alguna sombra de reacción en él y cómo todo ello fue inútil, finalmente se enojó y fue a coger carrerilla para abalanzarse sobre el viejo y obligarle a prestarle atención.

Cuando el novicio embistió, el maestro, que era todo un experto en artes marciales, lo esquivó fácilmente con un sutil movimiento a la vez que lo agarraba del cuello e introducía su cabeza dentro de las aguas del río.

El ansioso joven se debatía con fuerza para librarse de la mano de su captor, pero era inútil. El viejo poseía una destreza impresionante y era imposible zafarse de su poderosa presa. El aire era cada vez más escaso y el novicio sentía que iba a ahogarse irremediablemente. Un poderoso deseo de salir y respirar se apoderó de todos sus pensamientos, en aquellos momentos era lo único que deseaba.

Justo en el momento que creía iba a desfallecer, el maestro estiró de su cuello y sacó su cabeza del agua. Mientras el joven tomaba aire desesperadamente y tosía, el maestro pronunció estas palabras. <<Cuando tengas la misma necesidad de encontrar la verdad que la que tenías de respirar cuando estabas bajo el agua, entonces todos los secretos se revelarán ante ti>>”..

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