La mala prensa de la irracionalidad

Irracional

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Cuando hablamos del miedo podemos distinguir entre dos tipos principales. Un miedo que podríamos considerar bueno y hasta deseable que es el miedo que nos prepara para afrontar un peligro o una amenaza real tanto física como metal y anímicamente. Este tipo de miedo es que nos ha permitido sobrevivir como individuos y como especie hasta la fecha. El otro tipo de miedo, desafortunadamente mucho más frecuente en nuestra sociedad, es el miedo irracional, aquel que se basa en fantasías creadas por la imaginación y sin ningún sustento sólido en la realidad objetiva. Este tipo de miedos son muy improductivos y por lo general sirven solamente para crear un sufrimiento innecesario en la persona que los padece. Estudiosos cómo Pilar Jericó han tratado y han escrito numerosas líneas acerca de este tema. El resumen podría ser que, en la medida de lo posible, deberíamos erradicar este tipo de miedo de nuestras vidas pues nos limitan y nos impiden desarrollar todo nuestro potencial.

Ahora bien, aunque por definición todos los miedos irracionales deberían extirparse sin distinciones, lo cierto es que en realidad nos encontramos con miedos irracionales que tienen entre la sociedad peor fama que otros atendiendo a su nivel de irracionalidad. Por ejemplo el miedo a volar en avión, siendo un miedo irracional, no está tan mal visto cómo el miedo a ir en bicicleta o el miedo a la niebla (Homichlofobia), en parte porqué el primero es más común entre la población y en parte porqué objetivamente podemos decir que se basa en un riesgo que se concibe como más real (aunque esto último sería discutible). Por eso las personas con fobia a coger un avión, aunque en su mayoría reconocen tener un problema, este problema no les hace sentir tan culpables cómo los individuos con pánico a los payasos, a las hormigas, a las cosas frías, al color blanco o a cualquier cosa que se muestre a la izquierda del cuerpo (Levofobia). Precisamente lo ridículo y extraordinariamente irracional de sus miedos les hace padecer el doble al ser conscientes de esa irracionalidad.

No suelen ayudar demasiado  los primeros consejos que suelen dar muchos terapeutas Debes darte cuenta de que es tu miedo totalmente irracional, y claro los pacientes lo reconocen y se siente mal por ello. Cómo si algo irracional fuera menos real por el hecho de ser irracional!. Para empezar hemos de reconocer de una vez por todas que la mayoría de nuestros actos son altamente irracionales, de hecho lo irracional forma la base de casi todo nuestro comportamiento por la sencilla razón de que nos movemos y actuamos esencialmente movidos por nuestras emociones e instintos del momento determinados en gran medida por nuestro subconsciente, que no tiene nada de racional. No nos debe extrañar por tanto que la gran parte de nuestros miedos sean irracionales.

El hecho de reconocer que el miedo a escribir en público, por ejemplo (scriptofobia), es irracional no libera de ese pánico a la persona que lo padece ni lo hace menos real. Primero hemos de reconocer que todos los miedos irracionales son igual de legítimos, tan legítimos cómo innecesarios y a partir de ahí hay que trabajar para erradicarlos pero sin sentirnos culpables por el hecho de sufrirlos.

Pienso que la mala prensa de la irracionalidad viene heredada del siglo XVIII y la ilustración donde la razón ganó gran parte del prestigio del que aún goza hoy día. Pero ¿Cuántas personas conocéis que se comporten siempre de una forma 100% razonable?, que duerman estrictamente las horas razonables, que cumplan una dieta equilibrada, que crucen todos los semáforos en verde, que reaccionen siempre de forma razonada en sus relaciones personales, que defiendan sus argumentos con moderación y que todos sus actos estén dictados por la más sobria razón? (…bueno yo quizá conozca un par, pero suelen ser vistos como personas extrañas y excéntricas). Hay que reconocer abiertamente que somos seres irracionales que vivimos en sociedades irracionales y que se comportan de forma irracional la mayor parte del tiempo. Y no pasa nada, a partir de este punto intentemos abordar nuestros problemas y hallar soluciones utilizando, entre otras cosas, la razón, pero sin excluir a la irracionalidad de la ecuación y teniéndola en cuenta a la hora de plantear todas esas posibles vías de solución.

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