Historia verídica de lo que me pasó el día de reyes

Día de reyes. Como cada año empieza el día cargado de ilusiones y abriendo regalos. Mi pequeña Helena acude rauda y veloz hacia la sala donde les esperan sus juguetes. Los ojos encendidos de emoción, la sonrisa de oreja a oreja. Abre los paquetes con nerviosismo pero con mimo a la vez, sin apenas rasgar el papel. Regalo tras regalo sus ojos se van iluminando y su sonrisa se hace más y más amplia. Estalla de alegría soltando carcajadas y aplaudiendo con sus manitas cada dos por tres mientras descubre, uno a uno, los encargos que les había hecho a sus majestades de oriente. Yo, lógicamente, no quepo en mi gozo a ver el suyo, pero de pronto pasa algo inesperado…

 

Poco después de abrir el último regalo, y aún pletórica de alegría, el gesto de Helena cambia. De repente, como si hubiera caído en la cuenta de algo, se dirige a la ventana para mirar a través de ella y su expresión pasa de la euforia a la melancolía. Estoy preocupado. Me acerco a ella y le pregunto

-¿Qué pasa Helena?, ¿No te han traído los reyes todo lo que deseabas?- y ella responde

–Sí, todo menos lo que más quería…le pedí a los Reyes Magos que nevara y…mira… no nieva-.

En seguida comprendo la situación y ante mi impotencia intento racionalizar el asunto;

-pero Helena, eso no puede ser…, si tu pides que nieve y otro niño pide que no nieve, los Reyes no pueden contentar a todos-

Mi respuesta no la convence, niega con la cabeza y me dice

–Pero si yo se lo pedí en persona a los pajes y me dijeron que sí!!-

-A lo mejor no te entendieron bien- le respondo mientras pienso que el pajezuelo de turno podría haber sido un poco más ambiguo y diplomático en su afirmación. Helena se encoge de hombros y me deja por imposible.

A lo largo del día vienen a casa abuelos, primos, tíos y por un momento tengo la sensación de que Helena ha olvidado el tema al verla reir con la familia y jugar con sus juguetes. Pero a media tarde vuelve a asomarse a la ventana con su cara melancólica y sus ojillos vivarachos empapados en lágrimas. No entiende como los Reyes Magos han podido fallarle en eso. Después de hacer cosas mucho más difíciles como repartir miles de juguetes a niños de todo el mundo en una sola noche o conseguirle aquella muñeca que había escuchado estaba agotadísima en todas partes, después de realizar todas esas proezas, algo tan sencillo e insignificante para ellos como hacer nevar, algo tan nimio como eso…no se lo conceden . Yo la observo con tristeza desde el fondo de la sala mientras intento recordar cuantos años hace que no nieva en la ciudad, probablemente más de los que ella tiene. Y entonces, de repente…empieza a nevar!. Aquella tarde del 6 de Enero de 2008 empiezan a caer en la provincia de Barcelona copos como puños. -Está nevando!!- dice Erikca, -sí, está nevando!!- asiente Ignacio, y Helena al ver los copos detrás de la ventana, estalla de júbilo. Su gesto se transforma en una fracción de segundo y se ilumina como un amanecer mediterráneo. –Lo sabía!!!- exclama y empieza a dar gritos de de felicidad saltando y brincando por toda la casa.

-Está nevando!, está nevando!, gracias Reyes Magos!!.

Yo no salgo de mi asombro, si me miro ahora a un espejo seguro que tengo una cara de pasmao impresionante. Me acerco incrédulo a la ventana mientras la nieve empieza a cuajar encima de los techos de los automóviles. Apenas me doy cuenta cuando Helena se me acerca y me dice -¿Ves?, ya te lo había dicho…se lo pedí y me dijeron que sí..¿cómo podías dudarlo?- y me mira tiernamente compadecida por mi ignorancia y mi escepticismo respecto a las habilidades de los Reyes de Oriente.

Por supuesto aquella noche, después de que marcharan los últimos parientes, salimos a la calle a tirarnos bolas de nieve.

Al cabo de dos días, al volver al cole, Helena y su amiga Naomi está hablando de los Reyes mientras se les acerca uno de los niños mayores que, al oir la conversación, espeta altanero –Pero si los Reyes Magos no existen!!- . Ante la inocencia del grandullón, Helena y Naomi se miran y sonríen cómplices.

 

Entonces, ¿el ego es malo?

Es muy común escuchar que el ego es el culpable de muchos de nuestros sufrimientos, y de hecho en numerosas ocasiones así es. Lo que ocurre es que dicha afirmación tiende a hacernos pensar que el ego es algo malo, cuando en realidad  de lo que se trata es de considerar su cualidad de falso más que su cualidad de malo o bueno. Es falso en el sentido de que el ego no somos nosotros, no existe como un “algo” objetivo e independiente, es una ilusión creada por la mente que nos permite asumir una identidad y facilita la autoconsciencia.

Pretender vivir sin ego es como pretender vivir sin piel o sin bazo. Sencillamente no es posible, necesitamos el ego para vivir. Probablemente el ego se creó  en la prehistoria casi al mismo tiempo que la consciencia y fue reforzado luego con el nacimiento de las civilizaciones. El ego nos ha ayudado a sobrevivir durante miles de años y su desarrollo desigual ha dado forma a las distintas culturas que conforman la sociedad humana.

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