Influir en el inconsciente

Muchos de los problemas emocionales que sufrimos y que nos impiden crecer cómo personas derivan de la creencia de que podemos controlar nuestra vida de forma consciente. No somos conscientes, nunca mejor dicho, de que es nuestro inconsciente es el que realmente lleva el timón de nuestro comportamiento la mayor parte del tiempo, la consciencia racional apenas goza de margen de actuación aunque tengamos la sensación opuesta.

El inconsciente, como es sabido, no se doblega a nuestra voluntad, más bien al contrario, nuestra voluntad le sigue dócilmente y sin ni siquiera darse cuenta. El libre albedrío es, en cierto sentido, un espejismo más que condicionado por nuestro inconsciente. Cuando a posteriori intentamos explicarnos alguno de nuestros actos, incluso el más estúpido, en realidad nuestra mente consciente no hace más que buscar justificaciones que puedan explicar de una forma aparentemente lógica cualquier situación, por inverosímil que esta sea, para poder auto-engañarse de una forma cómoda.

No obstante que no podamos manejar directamente el inconsciente no quiere decir que no podamos influir en él. En primer lugar debemos reconocer que es él el que toma gran parte de las decisiones y modela nuestra personalidad. A continuación hemos de entender que el lenguaje del inconsciente no es el de la razón, de nada sirve que intentemos convencerle con argumentos. El lenguaje del inconsciente está principalmente compuesto por sentimientos y por lo tanto es a partir de estos como podemos comunicarnos con él.

que no podamos manejar directamente el inconsciente no quiere decir que no podamos influir en él.


Pretender un control absoluto de nuestra parte emocional desde la racional es absurdo, pero no tenemos porqué renunciar a contribuir, en cierta medida, a su modelado desde la voluntad consciente. Eso sí, hemos de estar dispuestos también a escuchar a nuestro inconsciente y dejar que nos ayude a mejorar nuestra vida y a contribuir a nuestro desarrollo interno.

Estas son algunos de los métodos que pienso ayudan a trabajar nuestro inconsciente.

  • Desarrollar buenos hábitos. Un hábito se consigue a base de dirigir conscientemente una serie de acciones y repetirlas de forma metódica y con constancia durante periodos prolongados de tiempo hasta que el inconsciente las asimila y las añade a su conjunto de hábitos programados de forma que al final éste ya las realiza de forma automática sin necesidad de tener que enfocar la atención consciente en ellas. Si nos dedicamos a cosechar buenos hábitos, estaremos proveyendo a nuestro inconsciente de buenas herramientas para ayudarnos. Un añadido a este punto sería aprender a desprogramar los malos hábitos sobretodo los de pensamiento.

Un hábito se consigue a base de dirigir conscientemente una serie de acciones y repetirlas de forma metódica.

 

  • Detectar y gestionar las emociones. Cómo ya se ha dicho, el lenguaje del inconsciente son los sentimientos no las palabras, por eso las emociones son, en parte, mensajes que le enviamos a nuestro inconsciente que, a su vez, nos responde con otras emociones. Por eso es importante entrenarse en el arte de tomar distancia, detectar las emociones cuando éstas se producen y ser capaz de gestionarlas antes de dejarnos poseer por ellas. La importancia de esta práctica se debe al hecho de que gran parte de los problemas que nos hacen infelices y que nos impiden disfrutar de la vida no tienen su origen en problemas reales sino en pensamientos negativos sin un fundamento real . Si intentamos vernos a nosotros mismos “desde fuera“, como un testigo imparcial, para “cazar” una emoción cuando se crea y luego somos capaces de aislar dicha emoción y analizar si vale la pena dejarnos absorber por ella o no, descubriremos la cantidad de emociones negativas que surgen a lo largo del día y que no tienen utilidad alguna. Al deshacernos de esas emociones estamos también cuidando a nuestro inconsciente.
  • Alimentar el inconsciente. Hay varias formas de conseguir esto y cada persona debe descubrir cual se adecua mejor a su forma de ser. Por un lado está la música, un aliado insustituible para alimentar nuestro inconsciente con buenas sensaciones. Repetirnos frases positivas a nosotros mismos. A la mente consciente esto le puede parecer una estupidez, pero el inconsciente recoge las palabras y las interioriza de forma ingenua. Las buenas afirmaciones lo nutren mientras que los malos pensamientos lo van coloriendo. Pero atención!, hemos de decirnos las frases con convicción, de alguna manera hemos de intentar creernoslas. De nada sirve pensar y repetirnos “soy alguien genial!” si luego en un segundo plano estamos pensando “¿pero que estoy haciendo?, seré gilipollas!. Porqué el inconsciente lo detectará y se quedará con el último pensamiento anulando los efectos positivos de la frase original.
  • Disfrutar del instante presente.Por último estaría el hecho de pararnos de vez en cuando a disfrutar del instante presente, relajándonos y dejando al inconsciente libre de proyecciones mentales y pensamientos intrusivos, prestando atención únicamente a nuestra respiración o a lo que tengamos delante pero de un modo contemplativo, sin tratar de emitir ningún juicio consciente.
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