A mi padre 2.0

Como en el caso de muchos, yo también tengo un padre que es una persona inmensa a la que amo, respeto y admiro más allá de cualquier límite racional. Pero el buen Diós tuvo a bien obsequiarme con un segundo padre, mi padre 2.0 que, al igual que el primero, fue también un maestro y un guía magnifico y magnificador. Cómo los buenos maestros era breve en palabras y pródigo en ejemplo y cómo los mejores maestros era con su silencio y con su presencia cómo más y mejores lecciones impartía. Tan lleno estaba de virtudes y buenas cualidades que se me olvidó que también era un ser humano y por tanto no inmune a la enfermedad y a la muerte.

La semana pasada nos dejó su cuerpo físico, y no por esperado su fallecimiento ha supuesto menos dolor en mi corazón. La maldita enfermedad venció esta vez la batalla después de haber fracasado otras tantas veces contra este hombre integro que tanta adversidades había superado sin estridencias y con una tranquila sonrisa en los labios.

Fue tanta su generosidad que es imposible mirar a ningún rincón o rememorar ningún hecho sin que esté presente su recuerdo y el de sus enseñanzas de hombre sabio. Por supuesto nos queda su legado, su ejemplo, su cariño y tantísimas cosas buenas que ha dejado que resulta muy dificil hacerse a la idea de no volverlo a ver pasando por la puerta con su sonrisa que iluminaba el cielo.

El dolor es casi tan fuerte como la alegría de haberte conocido y haber sido tu hijo 2.0. Descansa en paz que nadie más que tú se lo ha merecido. Da por seguro que los que aquí quedamos lucharemos para desarrollar tu legado y lo mucho que aún queda vivo de tí en este mundo.

Esa maldita pared

He encontrado un artículo de Iñaki Berazaluce en la web Cooking Ideas que me parece tan bueno que no puedo por menos que reproducirlo aquí punto por coma.

Fuente original: http://www.cookingideas.es/esa-maldita-pared-20100525.html

La sensación de que somos un yo finito y desgajado del resto del mundo es una ficción útil, en tanto nos impele a comportarnos como entes autónomos, preocupados de nuestra supervivencia. Al mismo tiempo es una fuente de neurosis, al sufrir el individuo la separación con sus semejantes y con la Naturaleza, originando un aislamiento que puede llegar a ser angustioso: la maldita pared”, que cantaba Bambino, o el “muro de metacrilato”, que separaba a Kiko Veneno de su amante. Pero la pared no sólo se alza entre dos personas sino entre cada una y todos los demás. De ahí brota aquellamento de Sartre“El infierno son los otros”.

La maldita pared no es otra que el yo, la estructura psíquica que conforma el individuo a los 18 meses de vida, al tiempo que lo separa del resto del mundo, empezando por su madre, con quien hasta entonces formaba una unidad. Es lo que el psicólogoWinnicott describe como “sentimiento oceánico”, un magma indiferenciado de respiración, carne, olores y miradas del que somos expulsados para convertirnos en seres autónomos y libres, pero también frágiles y solos. Es precisamente la incapacidad para distinguir los propios límites una de las características de la psicosis, la comunión neurótica con ese paraíso de unidad.

En un intento de recuperar esa unión perdida acudimos a la religión (del latín “religare”, volver a unir), al yoga (el “yugo”, en sánscrito, que vuelve a unir lo separado) o las prácticas extáticas, desde la danza a la meditación o las drogas visionarias, que nos liberan de las cadenas del yo y nos reconcilian con la unidad. Como describen Vaughman y Walsh en “¿Qué es una persona?”,

“(…) Al no haber identificación exclusiva, el sujeto y el objeto, son percibidos como una y la misma cosa (…) cada persona se autovivencia también como exactamente lo mismo que, o idéntica a, todas las demás personas. Si se parte de este estado de conciencia, las palabras con que los místicos proclaman que “somos uno” tienen perfecto sentido como experiencia literal. Si no hay nada que exista salvo el propio sí mismo, la idea de hacer daño a “otros” no tiene sentido alguno(…)”

Pero el intento de recuperar la unidad es una lucha contracorriente frente a una fuerza mucho más poderosa: la máquina de producción, que promueve y ahonda esta separación original. La publicidad, la escuela psicológica más sofisticada en la búsqueda de las debilidades humanas, ensalza la individualidad porque es ése el terreno en el que somos más vulnerables y, por tanto, más proclives a consumir.

Lo que no significa que la vuelta a los orígenes pase por negar la racionalidad, como erróneamente concluye una corriente del movimiento de la nueva era. Como ha explicadoKen Wilber mucho mejor de lo que yo soy capaz (“falacia pre/trans”), la única forma de rebasar la racionalidad es transcenderla, esto es, integrarla y superarla, no negarla para volver a estados infantiles y atávicos. La pared que quiere derribar Bambino no cae a golpe de piqueta sino penetrando en el terreno transpersonal para acceder al limbo de la supraconseciencia.

Gracias, Leticia, por asesorarme en la terminología psicológica

Teoría Psicodélica de la Información

Aquí os dejo el enlace a una obra más que recomendable de James L. Kent. Se trata de una análisis de la Teoría psicodélica de la información. Desde una perspectiva rigurosa y científica (lejos de la charlatanería de algunos libros  new age de saldo), este libro realiza un análisis de los mecanismos físicos que hay detrás de la alucinación psicodélica, los ritos chamánicos y los estados expandidos de consciencia. Para ello se dedica a deconstruir los sistemas de percepción y memoria de la mente humana.

El libro se puede leer directamente en la webo se puede descargar en formato PDF de forma gratuita durante un tiempo limitado, así que vale la pena aprovechar la oportunidad de adquirir y leer este magnífico tratado.

http://psychedelic-information-theory.com/

Influir en el inconsciente

Muchos de los problemas emocionales que sufrimos y que nos impiden crecer cómo personas derivan de la creencia de que podemos controlar nuestra vida de forma consciente. No somos conscientes, nunca mejor dicho, de que es nuestro inconsciente es el que realmente lleva el timón de nuestro comportamiento la mayor parte del tiempo, la consciencia racional apenas goza de margen de actuación aunque tengamos la sensación opuesta.

El inconsciente, como es sabido, no se doblega a nuestra voluntad, más bien al contrario, nuestra voluntad le sigue dócilmente y sin ni siquiera darse cuenta. El libre albedrío es, en cierto sentido, un espejismo más que condicionado por nuestro inconsciente. Cuando a posteriori intentamos explicarnos alguno de nuestros actos, incluso el más estúpido, en realidad nuestra mente consciente no hace más que buscar justificaciones que puedan explicar de una forma aparentemente lógica cualquier situación, por inverosímil que esta sea, para poder auto-engañarse de una forma cómoda.

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