Soltar Lastre

Al igual que durante una excursión a pie no podemos cargar peso ilimitadamente en nuestra mochila antes de que la carga se convierta en un lastre, de la misma manera no podemos poseer cosas ilimitadamente antes de que estas se conviertan en un lastre.

Tener cosas puede ayudar a tener una vida confortable, pero tener un exceso de cosas o tener depende que cosas puede llegar a ser muy agobiante y hacernos infelices. Esto se debe a que la posesión de bienes materiales exige una contraprestación por parte del individuo en forma de energía mental y financiera y en ambos casos nuestra energía como individuos es limitada. El secreto consiste en mantener equilibrada la siguiente fórmula.

Beneficio aportado por la posesión= Valor práctico o simbólico de la posesión – recursos mentales, financieros y logísticos para mantenerla

En base a esta fórmula podemos clasificar las posesiones en varios tipos.

  1. Objetos que aportan poco beneficio y exigen pocos recursos
  2. Objetos que aportan mucho beneficio y exigen pocos recursos
  3. Objetos que aportan mucho beneficio y exigen muchos recursos
  4. Objetos que aportan poco beneficio y exigen muchos recursos.

Veamos un ejemplo de cada uno.

A. Objetos que aportan poco beneficio y exigen pocos recursos: Este sería el ejemplo del típico folleto publicitario que nos entregan en una feria o que introducen en nuestro buzón. Salvo casos excepcionales no nos aporta un beneficio muy grande pero tampoco hemos de hacer mucho esfuerzo para conseguirlo. Este tipo de posesiones suelen ser inocuas (para nosotros, otra cosa es para el ecosistema) y generalmente su propiedad es efímera y nos desprendemos de ella ( y su correspondiente lastre) con gran facilidad

B. Objetos que aportan mucho beneficio y exigen pocos recursos: Cuando estamos resfriados y nuestra nariz es una fuente, los pañuelos de papel acostumbran a ser un objeto valiosísimo y sin embargo el esfuerzo financiero que tenemos que hacer para conseguirlo es nimio. Asimismo su mantenimiento no requiere mucho esfuerzo mental (salvo recordar en que bolsillo o lugar del bolso lo hemos guardado) y desprenderse de su propiedad no supone mayor trauma

C. Objetos que aportan mucho beneficio y exigen muchos recursos: Un objeto de este tipo, por ejemplo, puede ser una vivienda. Para los propietarios de este tipo de bien, pagarlo y mantenerlo suele suponer un gran esfuerzo financiero y mental -en la gran mayoría de los casos- pero el valor que proporciona, tener un techo bajo el que vivir para ti y tu familia, es también muy grande.

D. Objetos que aportan poco beneficio y exigen muchos recursos: Dentro de esta categoría podríamos usar el ejemplo de los típicos yates en propiedad anclados en muchos puertos urbanos que apenas se utilizan durante el año pero que son caros y además requieren del pago permanente de un amarre y de mantenimiento .

Si tenemos en cuenta la dedicación mental que le debemos prestar a nuestras posesiones, veremos que el hecho de tenerlas no es gratuito ni aún teniendo el dinero para pagarlas. No se trata solamente del dinero que cuesta su mantenimiento sino del precio en preocupaciones que es preciso abonar. Un ejemplo clásico de esto es el del tipo joven que vive feliz con su viejo automóvil utilitario de segunda mano lleno de rayones y abolladuras pero que le lleva a todas partes y puede aparcar en cualquier sitio pues incluso su improbable robo no supondría la pérdida de una cantidad de dinero desorbitada. El día que ese joven, por fin, reúne los recursos para comprar un flamante deportivo, es cierto que gozará al principio de una gran alegría por poseerlo pero luego vendrán las preocupaciones por si sufre algún desperfecto en la chapa, por si no llega el dinero para pagar el seguro a todo riesgo, por si se ensucia, por si estaciona en un lugar donde corra el riesgo de ser robado o rallado etc. Cosas que antes no suponían ningún problema ahora son fruto de sufrimiento. ¿Ha valido la pena?, todo depende del valor interno que le demos a la alegría que nos proporciona. Si esa alegría no es varios ordenes mayor que las preocupaciones que nos origina la propiedad del objeto, este pasa a convertirse en lastre.

…Y nuestra capacidad para arrastrar lastre es limitada.

He aquí otra lista ejemplo de posesiones junto a sus contraprestaciones.

Vivienda: Pago de impuestos, mantenimiento, seguros, reparación de averías, reuniones de propietarios, gestión de conflictos con vecinos…

Segunda residencia: Suma una vez más todo lo del punto anterior y añade el sentimiento de culpabilidad de no aprovecharla todo lo que se debiera.

Inscripción a un gimnasio o un club: Tiempo para ir a disfrutar de sus servicios o remordimientos si estamos pagando y no tenemos tiempo para ir. Acordarse de pagar las mensualidades.

Tarjetas de crédito: Pago anual de cuotas o estar pendientes de la fecha de renovación si el primer año de cuota es gratuito. En caso de pérdida o robo estar pendiente de cancelarla con el banco. Necesidad de atención adicional para controlar y/o gestionar nuestros gastos cuando tenemos múltiples tarjetas de crédito.

Joyas: Asegurarse de tener un sitio donde guardarlas, inquietud por su perdida, temor a que nos las roben, decepción o preocupación cuando se ensucian o se deterioran…

Es cierto que puede pensarse que con una enorme capacidad financiera estos dilemas desaparecen. Y es verdad que la posesión de muchos recursos financieros facilitan las cosas pero siguen existiendo dos problemas.

1) Por muy grande que sea la capacidad financiera de alguien siempre tendrá un límite ( y muchos humanos tendemos a forzar siempre ese límite)

2) El dinero a su vez es también una posesión, y como tal exige una contraprestación en cuanto a atención y dedicación mental se refiere (..y su consiguiente riesgo de convertirse en lastre).

Muchos poseedores de grandes fortunas saben que gestionar un gran patrimonio supone muchos quebraderos de cabeza aún sub-delegando parte de las tareas. Solamente una gestión sabia de estos recursos podrá minimizar las preocupaciones que supone tener mucho dinero y saber administrarlo bien,…pero esto será tema de otro post.

Cuando acumulamos muchas cosas donde el equilibrio beneficio-perjuicio no ha sido bien calculado, empezamos a arrastrar el peso muerto de ese lastre que poco a poco va minando nuestras energías. Tener que estar pendiente de las ocupaciones o preocupaciones que supone poseer ciertos bienes puede llegar a ser muy agotador. En ocasiones acabamos convirtiéndonos en esclavos de nuestros bienes y existiendo para estar a su servicio, en lugar de lo contrario que sería lo normal. Frente a este problema se me ocurren las siguientes propuestas que pueden ayudar a mitigar las consecuencias negativas de tener cosas.

Comparte la propiedad de tus posesiones con alguien que te merezca suma confianza: De esa manera también se repartirán las responsabilidades derivadas de sus posesión. Es esencial que la persona elegida sea alguien de confianza y con quien haya buen trato para que no se originen más problemas de los que se pretenden solucionar.

Reflexiona algo más profundamente a la hora de adquirir un bien material. Valora honestamente cual es el beneficio que te va aportar en relación al esfuerzo que va a costar adquirirlo y la dedicación que va a suponer mantenerlo. Aprende a comprar valorando los bienes en su justa medida.

Procura mantener distancia emocional con tus posesiones. Para que su eventual pérdida o deterioro no suponga una decepción o frustración excesiva.

Pero sobretodo pienso que lo más importante es reconocer cuando algo nos está proporcionando más sufrimiento que alegría y aprender a soltar lastre, desprendernos de todo aquello que ni necesitamos ni, en el fondo, deseamos para poder volver a ganar independencia en nuestra vida.

Soltar lastre es una práctica que, sobre todo al principio, puede parecer muy costosa y más en nuestras sociedades consumistas, pero conforme uno va descubriendo las ventajas que aporta al espíritu prescindir de lo prescindible se hace cada vez más fácil.

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