Tú eres tres: Mente, Emoción y Cuerpo

Conviven en nosotros tres seres  que, a falta de un denominación mejor, llamaremos Mente, Emoción y Cuerpo. Cada uno tiene sus propias particularidades aunque es la unión de los tres las que nos hace únicos. A continuación expongo las principales características principales de cada uno.

Mente

Es el más despistado de todos aunque se cree no sólo el más listo sino también el único. Mente piensa que él es en realidad la persona en sí, e ignora frecuentemente al resto de sus compañeros (muchas veces se olvida incluso de que existen). Mente se cree con autoridad y con derecho para dirigir la vida de todo el organismo y suele ignorar y despreciar los mensajes que recibe de Emoción y de Cuerpo salvo cuando estos coinciden con sus intenciones. Entonces él se autoproclama como el autor de esos mensajes negándole todo el mérito al autor verdadero.

Mente es también un iluso, pues cree que él es el responsable de organizar la vida del organismo entero. Piensa que si pasa esto o aquello es debido a sus decisiones, también se cree en posesión de la verdad. No es extraño que esto sea así pues es en Mente donde reside el ego y la locura.

Por otra parte Mente es el que mejor maneja el lenguaje verbal, es un gran orador; también es muy hábil haciendo cálculos y previendo situaciones incluso antes de que éstas sucedan, lo que facilita al resto de compañeros prepararse para afrontar dichas situaciones. Otra de sus grandes virtudes es la curiosidad, su habilidad para hacerse preguntas y su avidez para desear encontrar respuestas. Desafortunadamente no siempre es hábil seleccionando la mejor respuesta y suele equivocarse con frecuencia a la hora de elaborar juicios, por eso a veces debería apoyarse en sus hermanos para ser más eficiente. Cuando se educa y se entrena bien, Mente puede ser extraordinariamente creativo y posee inigualables habilidades para poner etiquetas, ordenar y estructurar el caos.

Emoción

Emoción es el más fuerte de los tres aunque también es el más vulnerable a las manipulaciones. No hace caso de los delirios de grandeza de Mente porqué sabe que, llegado el caso, él tiene todas las de ganar para hacerse con el mando del organismo. Mente cree mandar, Emoción sencillamente… manda. Aunque no es muy consciente de su poder, realmente Emoción es muy poderoso y puede llegar a enloquecer a Mente y a enfermar a Cuerpo si no aprende a estabilizar su energía. Es el que tiene más facilidad para conectarse con el mundo de lo no manifestado y puede llegar a servir cómo puente para acceder a él. No es muy hábil con las palabras, pero domina a la perfección el resto de lenguajes como la música, la estética o el arrebato. Es donde reside el miedo y el deseo y es extremadamente volátil, de ahí que haya que manejarlo con mucho cuidado. Acostumbra a acertar bastante más que Mente a la hora de elaborar juicios, pero cuando se equivoca mete la pata hasta el fondo, porque Emoción es extremista en casi todo.

Cuerpo

Con diferencia es el más sabio de los tres pero también el más humilde. Aguanta estoicamente y con una paciencia increíble  el maltrato al que suelen someterle Mente y Emoción con desdén. Cuando tiene algo que decir suele expresarse de forma sutil al principio, pero si no se le escucha  puede llegar a estallar en cólera y expresarse a gritos a través de la tensión y la enfermedad. Cuerpo es el vehículo que nos permite permanecer y existir en el mundo físico y comunicarnos con él. Es muy sensible tanto a los factores externos como a la relación con sus hermanos Emoción y Mente. Es muy excitable y su excitación puede llegar a nublar a los otros dos. Ante otro organismo actúa como primera carta de presentación. Precisa de los mismos cuidados y atenciones que los otros dos, pero al ser más resistente se suele abusar mucho más de él, se le envenena, se le agota, se le ensucia y en ocasiones se le utiliza como a un animal de carga o como a un cubo de basura. No entiende de lenguaje hablado o escrito (aunque es el que mejor ayuda a Mente a escribir o a Emoción a cantar), su lenguaje es el de las caricias, los suspiros y los besos que domina con maestría. Cuerpo sufre si está solo y si no lo tocan. Es donde reside la vida, el placer y el dolor. De hecho, si se sabe dialogar con él, Cuerpo puede llegar a proporcionarnos grandes satisfacciones pero si lo abandonamos a sus suerte puede provocarnos grandes sufrimientos. Al contrario que Mente, Cuerpo no lleva muy bien eso de envejecer por eso es perentorio aprender a cuidarlo, mimarlo y respetarlo más de lo que se acostumbra.

Ahora que ya sabéis que en realidad no sois uno sino tres, es importante no olvidar que solamente la perfecta armonía entre estos tres seres harán de nosotros una persona completa.

Historia verídica de lo que me pasó el día de reyes

Día de reyes. Como cada año empieza el día cargado de ilusiones y abriendo regalos. Mi pequeña Helena acude rauda y veloz hacia la sala donde les esperan sus juguetes. Los ojos encendidos de emoción, la sonrisa de oreja a oreja. Abre los paquetes con nerviosismo pero con mimo a la vez, sin apenas rasgar el papel. Regalo tras regalo sus ojos se van iluminando y su sonrisa se hace más y más amplia. Estalla de alegría soltando carcajadas y aplaudiendo con sus manitas cada dos por tres mientras descubre, uno a uno, los encargos que les había hecho a sus majestades de oriente. Yo, lógicamente, no quepo en mi gozo a ver el suyo, pero de pronto pasa algo inesperado…

 

Poco después de abrir el último regalo, y aún pletórica de alegría, el gesto de Helena cambia. De repente, como si hubiera caído en la cuenta de algo, se dirige a la ventana para mirar a través de ella y su expresión pasa de la euforia a la melancolía. Estoy preocupado. Me acerco a ella y le pregunto

-¿Qué pasa Helena?, ¿No te han traído los reyes todo lo que deseabas?- y ella responde

–Sí, todo menos lo que más quería…le pedí a los Reyes Magos que nevara y…mira… no nieva-.

En seguida comprendo la situación y ante mi impotencia intento racionalizar el asunto;

-pero Helena, eso no puede ser…, si tu pides que nieve y otro niño pide que no nieve, los Reyes no pueden contentar a todos-

Mi respuesta no la convence, niega con la cabeza y me dice

–Pero si yo se lo pedí en persona a los pajes y me dijeron que sí!!-

-A lo mejor no te entendieron bien- le respondo mientras pienso que el pajezuelo de turno podría haber sido un poco más ambiguo y diplomático en su afirmación. Helena se encoge de hombros y me deja por imposible.

A lo largo del día vienen a casa abuelos, primos, tíos y por un momento tengo la sensación de que Helena ha olvidado el tema al verla reir con la familia y jugar con sus juguetes. Pero a media tarde vuelve a asomarse a la ventana con su cara melancólica y sus ojillos vivarachos empapados en lágrimas. No entiende como los Reyes Magos han podido fallarle en eso. Después de hacer cosas mucho más difíciles como repartir miles de juguetes a niños de todo el mundo en una sola noche o conseguirle aquella muñeca que había escuchado estaba agotadísima en todas partes, después de realizar todas esas proezas, algo tan sencillo e insignificante para ellos como hacer nevar, algo tan nimio como eso…no se lo conceden . Yo la observo con tristeza desde el fondo de la sala mientras intento recordar cuantos años hace que no nieva en la ciudad, probablemente más de los que ella tiene. Y entonces, de repente…empieza a nevar!. Aquella tarde del 6 de Enero de 2008 empiezan a caer en la provincia de Barcelona copos como puños. -Está nevando!!- dice Erikca, -sí, está nevando!!- asiente Ignacio, y Helena al ver los copos detrás de la ventana, estalla de júbilo. Su gesto se transforma en una fracción de segundo y se ilumina como un amanecer mediterráneo. –Lo sabía!!!- exclama y empieza a dar gritos de de felicidad saltando y brincando por toda la casa.

-Está nevando!, está nevando!, gracias Reyes Magos!!.

Yo no salgo de mi asombro, si me miro ahora a un espejo seguro que tengo una cara de pasmao impresionante. Me acerco incrédulo a la ventana mientras la nieve empieza a cuajar encima de los techos de los automóviles. Apenas me doy cuenta cuando Helena se me acerca y me dice -¿Ves?, ya te lo había dicho…se lo pedí y me dijeron que sí..¿cómo podías dudarlo?- y me mira tiernamente compadecida por mi ignorancia y mi escepticismo respecto a las habilidades de los Reyes de Oriente.

Por supuesto aquella noche, después de que marcharan los últimos parientes, salimos a la calle a tirarnos bolas de nieve.

Al cabo de dos días, al volver al cole, Helena y su amiga Naomi está hablando de los Reyes mientras se les acerca uno de los niños mayores que, al oir la conversación, espeta altanero –Pero si los Reyes Magos no existen!!- . Ante la inocencia del grandullón, Helena y Naomi se miran y sonríen cómplices.